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jueves, 2 de enero de 2014

54.-

Volví a pensar en ti.
Y en tu manera de fumar.
Y en cómo me echabas el humo sólo para fastidiarme.
En nuestra "última canción" que resultaban ser 20 más.
También me acordé de cómo me quitabas toda la manta mientras dormíamos juntos y cómo yo, como de costumbre, me desvelaba y te miraba mientras dormías. Tú te movías y me abrazabas. Yo me reía y me acurrucaba entre tu cuerpo, volviendo a dormir.
Volví a pensar en ti y no me dolió.
No eché de menos tus estupideces, ni tu manera de andar por la calle o reírte de mí. No eché de menos la manera en la que te reías cuando yo me pedía un café y tú te pedías una cerveza.
Tampoco eché de menos nuestras despedidas de 30 minutos o nuestros encuentros de 5 minutos por la mañana.
No me dolió recordar tus juegos de niño pequeño (aunque créeme, si lo volvieras a hacer, te volvería a empujar y te gritaría, enfadada)

Y entonces, me encendí un cigarro, dándome cuenta de una cosa. Que ya no me molestaba que no estuvieras conmigo, ya no me dolía. No me dolía escuchar ese cd que me regalaste ni leer tus cartas con planes de futuro. No me dolía mirar a mi caja de tabaco y pensar "mierda, me ha vuelto a robar varios cigarros" no me dolió escuchar nuestra canción preferida ni me acordé de tus labios al beber un botellín de cerveza. Pude escuchar a Jack White sin que vinieras a mi cabeza y querer a Thom Yorke sin tener tu presencia.

Y ahora, es gracioso, porque te escribo esto a ti, pensando en lo que hacíamos, recordando todos los pequeños detalles mientras se consume el cigarro, con una sonrisa, pensando que me llevé mejores recuerdos que malos y oh, créeme, te quiero, te sigo queriendo, pero me alegra saber que ya, no te necesito para ser feliz y que tú, me enseñaste eso.