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martes, 7 de mayo de 2013

28.

Es una presión en el pecho, continua, molesta. Duele, duele como si me estuvieran dándo la paliza del siglo, duele como si estuvieran machacando mis huesos, uno a uno. Aunque eso es lo que están haciendo, eso es lo que me estoy haciendo. Poco a poco, dejo que esto me consuma, que haga conmigo lo que quiera, sumergiéndome en un abismo del que no puedo salir. No creo que pueda salir. A veces, estoy tan dentro, que confundo los gritos de mi cabeza con el grito desgarrador que necesita salir de mi garganta, pero no puede salir. Los gritos ahogados, son parecidos a un escalador, un escalador que no puede trepar, pero sigue intentándolo, desgarrando por mis cuerdas las cuchillas como si fuera el Everest.
A veces, veo tanta oscuridad, que no sé si estoy dormida, si es una pesadilla o simplemente es la rutina, la maldita rutina acechando otra vez, nuevamente, haciéndo que cada día odie más estar aquí.
Ojalá hubiera algún tipo de instrucciones o una guía que me ayudara a salir de esta mierda, porque al fin y al cabo, es eso. Mierda. Nadie sabe qué es, nadie se la puede imaginar. Duele, duele como tu recuerdo, duele como la vida misma, duele como si llevara una montaña atada a mi espalda. Es una carga, pesada, horrible. Y necesito acabar con ella, ya.